-¿Qué va a ser hoy Don Emiliano?
-A ver qué tienes…
-Pues de primero un guiso de lentejas. Espaguetis a la carbonara. Y rabo de toro estofado…
-¿Qué me aconsejas tú?
-Yo me decidiría por las lentejas ¡De primera!
-Pues tú mandas. Una de lentejas. ¿Y de segundo?
-Merluza a la plancha. Revuelto de ajetes. Y bistec con guarnición de verduras.
-Hoy me apetece pescao, esta semana ni lo he olido.
-De postre, ya sabe: Flan, fruta, o cuajada.
-Fruta, fruta, ya me conoces.
-Pues ahora mismito le traigo las lentejas… ¿De beber?
-Agua, que es muy sana…Por cierto, ¿No ha llegado aún Miguel?
-Pues no, y ya es raro, porque suele ser el primero…Mire, ahí llega.
La camarera vuelve a sacar su libreta del bolsillo del delantal y espera a que el anciano se siente junto a su compañero.
-¿Qué tal Don Miguel? ¿Cómo va todo?
-Va, hija, va… ¿Ya has pedido tú?-Indaga jugueteando con la servilleta-
-Si.
-Y ¿Qué?
-Lentejas. De segundo para ti, el bistec y de postre…
-Mi cuajada. Y una cervecita bien fresquita, pimpollo-Y levanta la cabeza guiñándola un ojo con picardía-¡Mira que estás guapa hoy, niña!
-¡Zalamero!-Sonríe ella-A ver si somos más originales, que siempre me dice lo mismo.
-¿Y qué quieres que te diga? ¡Ay, si yo tuviera tus años! No te me escapabas tú, así, como así…
La muchacha se aleja hacía la barra. El abuelo se queda extasiado con el vaivén de sus caderas.
-Deja ya de mirarla. Se te va a caer la baba.
-Que pena de juventud derrochada-Comenta encogiéndose de hombros-
-¿Y quién te dice a ti que la derrocha?
-Es verdad. Seguro que no-Se lamenta aflojando el nudo de una corbata algo desfasada-¿Has leído el periódico de hoy?
-No, ni ganas ¿para qué? Está uno harto ya de tanta mamonada.
-A ver…Ya están aquí las lentejitas. Y cuidado que queman.
-Gracias, maja-Contestan a duo.
No puede evitar remirarla de nuevo hasta perderla de vista. Se vuelve y soplando la cuchara, procurando no quemarse, roza los labios con temerosa precaución. El caldo entra despaciosamente calentando su garganta de forma casi instantánea.
Al minuto llega de nuevo la joven con una bandeja.
-Aquí les traigo las bebidas…
-Si es que no se puede ir como vas, hija…
-Déjala ya, hombre, no te metas más con ella. Tiene que trabajar.
-Gracias Emiliano, usted siempre tan atento-Asiente jovial retirándose un mechón de la frente con un gesto que no pasa desapercibido al abuelo.
-Anda, ve ya a tu trabajo, niña…Cada día me vuelve más loco.
-Miguelito…Cómete de una vez las lentejas y no sueñes más.
-¡Que putada de vejez, macho!
-Si, ya, eso ya me lo sé, así que cambia de tema.
-¿Y de qué quieres que te hable? ¿De cómo va el país? Porque, chico ya estoy un poco hasta los cataplines de tanto gorrón como hay por ahí.
-Siempre ha sido igual-Le recrimina con la boca llena sin darle demasiada importancia-
-No, Emi, no siempre ha sido igual. Antes había unos ideales que…
-Y una mierda los ideales-Masculla sin énfasis- El rico vive, el pobre subsiste. Como toda la vida. Ahora, antes, y después.
-¿No me digas? Tienes que reconocer que las cosas van peor cada día. Dime tú si no, como es posible que antes no salieran tantos malasangres.
-Tú mismo lo has dicho. Antes no sabíamos de la misa la mitad. Ahora parece que le han cogido el gustillo a refregárnoslo en las narices.
Tan abstraídos se hallan que apenas perciben las manos que retiran los platos ya terminados. Solo un alejamiento de la mesa y un llevarse la bebida a los labios.
-Que asco Emi ¡Otra guerra es lo que hace falta en este país!
-Eso, ¿que pasa que ya no te acuerdas de lo que es pasar hambre y calamidades?
-Pues de eso se trata. De qué la gente sepa lo que es eso ¡Como no lo vivieron!
-Yo no quiero que mis hijos y mis nietos pasen por lo mismo que yo pasé.
-Un bistec de primera para Don Miguel y una merluzita para Don Emiliano ¿Cómo estaban esas lentejitas?
-Riquísimas.
-Tenías razón, niña, pa chuparse los dedos.
-Emi, esto que pasa es porque falta mano dura.
Emiliano ataca la merluza cuando esta más indefensa se encuentra. Despacio y retirando meticulosamente las espinas, le rebate sin levantar la vista del plato.
-Deja en paz a los muertos.
-¿Me vas a decir que no se vivía mejor con él?
-¿Porqué no dejas el tema? Sabes de sobra lo que opino de eso.
-No te gusta ¿he?
-Está de muerte, esta merluza-Dice evadiendo por completo el reto.
-Si, el bistec también, pero eso no es lo que te pregunto.
-De muerte.
-Emi, nosotros llevábamos mejor el país, admítelo.
-No me retes Miguelito, que siempre sales perdiendo.
-Cógeme el guante, anda, sé valiente.
-No veo ningún guante.
-Acepta que fuimos los ganadores. Que vosotros, los del otro lado…
Varias cabezas se vuelven en su dirección al escucharle.
-Estás dando la nota, chico. Yo que tú me callaría un rato. Aburres al personal.
-¿Te acuerdas…?
-Yo no me acuerdo de nada. Ya sabes; el Alzehimer.
El anciano respiró hondo sin reparar en la camarera. De nuevo retiró los platos, para volver con los postres.
-¿Unos cafés?
-Claro que si, niña. Dos cafetitos. Un descafeinado corto de leche y otro solo.
-Están dejando el país como un solar. El barco se hunde y nosotros sin hacer nada.
-¿Y qué quieres que hagan dos viejos chochos como nosotros?
-Luchar. Levantar a todos los que hicieron la guerra-Afirma con un visible temblor en los labios, victima de sus ochenta años.
-Muy bueno el café ¿Qué hizo el Madrid?
-Ganar. Tres cero.
-Y ¿el Atleti?
-Perdió, uno, cero. En el último minuto- Le informa enterrando sin dificultad la conversación anterior.
-Como siempre ¿Pagas tú o yo?
-Yo no he traído la cartera.
-No te preocupes, pago yo.
-Estoy loco por salir fuera y fumarme un cigarrillo ¿Nos vamos?
-Si, yo también. Déjale algo de propina a la niña.
-No te preocupes ¿Un euro?
-Un euro está bien.
-Hasta mañana, guapa.
-Hasta mañana…Y gracias.
-Las que tú tienes, reina.
La muchacha contempla la escena tras los cristales. Los dos ancianos se pasan el mechero y encienden unos cigarrillos. Se abstrae y divaga sobre la pareja que ya se aleja como si se apoyaran en uno en el otro. Nadie que los hubiera escuchado y no supiera de sus escenas diarias, podría adivinar que eran hermanos, que se encontraban viviendo juntos, que juntos habían hecho la guerra en bandos diametralmente opuestos y que se querían más que a nada en este mundo.

